México

Historia no oficial condensada

 

    En el territorio que actualmente ocupa México vivieron grupos indígenas que desarrollaron una cultura y avances científicos y tecnológicos admirables. Mucho se habla de los Olmecas, los Toltecas, los Teotihuacanos, los Mayas, los Mixtecos y Zapotecos, pero sobre todo se recuerda a los Aztecas de Tenochtitlán y su imperio. Todos tenían diferentes dioses, diferentes costumbres, diferentes idiomas. Todos estos pueblos eran sociedades monárquicas, con castas definidas (reyes, sacerdotes, guerreros) y todos se veían como diferentes, no formaban una unidad llamada indígenas, sino que había olmecas, toltecas, mayas, aztecas, etc.

    Casi todas estas culturas habían desaparecido antes de la llegada de los españoles a México. Cuando los conquistadores españoles llegaron a México la cultura más importante eran los Aztecas. Algunos pueblos indígenas estaban bajo el dominio azteca, otros habían resistido sus ataques y muchos más no habían tenido contacto con ellos. El Imperio Azteca no ocupaba todo el territorio que actualmente tiene México.

    Los españoles iniciaron la conquista pero no contaban con suficientes armas ni soldados para llevarla a cabo. Ni siquiera las enfermedades que trajeron al nuevo mundo explican cómo realizaron la conquista. La explicación es simple: algunos pueblos indígenas se unieron a los conquistadores y juntos derrotaron a Tenochtitlan, el Imperio que los tenía subyugados. Posteriormente otros indígenas ayudaron a los españoles a conquistar y colonizar el resto de la Nueva España. La conquista la hicieron los indígenas.

    El Virreinato de la Nueva España abarcaba desde Panamá hasta lo que hoy es el Estado Norteamericano de Oregon. En ese territorio los españoles impusieron su dominio, integraron una unidad administrativa y legal, propiciaron que la Iglesia Católica impusiera esa religión a los indígenas y trabajaron ese territorio como una colonia de España. Se lograron obras artísticas importantes, se desarrolló tecnología y cultura, se elevó el nivel de vida de la población y se enviaron riquezas fabulosas a España. Pero el progreso no era parejo. Los españoles nacidos en México (criollos) no podían llegar a puestos de mando elevados porque estaban reservados a españoles nacidos en España (peninsulares). El clima de descontento creció hasta que en 1810 estalló la rebelión comandada por un grupo de criollos (Hidalgo, Aldama, Allende, entre otros). Después de algunos éxitos militares los rebeldes fueron exterminados por el ejército comandado por Félix María Calleja. Otros criollos, peninsulares y algunos mestizos (Morelos, Juan Álvarez, Guerrero, Pedro Moreno, Mina) siguieron con la rebelión sin muchas posibilidades de éxito y fueron exterminados poco a poco. En 1821 un general criollo (Iturbide) convence a otros criollos de la necesidad de independizar a la Nueva España. La independencia la hicieron los españoles.

    Iturbide se reúne con uno de los últimos jefes rebeldes (Guerrero) y pactan el Plan de Iguala que en pocas palabras declara la independencia de México, declara el Imperio y determina ofrecer el trono de México a un representante de la monarquía española (Borbón) o austriaca (Habsburgo) para que sea la cabeza de un nuevo reino ajeno a España. En ese momento, la propuesta era lógica: México era fruto de muchas monarquías indígenas y una monarquía española, por tanto el nuevo país independiente debía ser un Imperio y para encabezarlo, se necesitaba un rey que quisiera impulsar un imperio. Si ninguna casa real europea quería la corona de México, entonces se debía ofrecer al mexicano con mayores méritos. Un grupo de partidarios declara a Iturbide como emperador.

    En ese entonces llega a México un embajador de Estados Unidos, Poinset. Iturbide le comunica que México es un Imperio, que respeta la decisión de Estados Unidos de ser una República y que espera sean países amigos. Poinset funda una secta masónica republicana en México, misma que junto con otras conspira contra el Imperio Mexicano. Iturbide dura en el cargo 3 años hasta que es derrocado por una rebelión encabezada por Antonio López de Santa Ana.

    A partir de entonces México entra en una serie de guerras civiles impulsadas por grupos que decidieron imponer su punto de vista por medio de las armas. En esa época los políticos importantes se reunían en sectas masónicas. Había masones monárquicos y masones republicanos, masones centralistas y masones federalistas, masones que apoyaban a un caudillo y masones que apoyaban a otro.

    Las luchas impulsadas por los masones costaron riqueza, vidas y territorios a México. Los pleitos entre masones debilitaron al ejército y fueron un factor en la separación de Centro América (Guatemala, Salvador, Costa Rica, Nicaragua y Belice), la derrota contra Texas y contra Estados Unidos (que nos costó la mitad de nuestro territorio), la derrota en las guerras de intervención francesas y estadunidenses, nos costaron la pérdida de capital humano invaluable con la expulsión de españoles y jesuitas, la pérdida de obras de arte y de edificios durante los repartos de bienes eclesiásticos, nos costaron el despojo de las tierras de los indígenas por las Leyes de Reforma, la destrucción del comercio, la industria, la educación, el despojo de los bienes de la Iglesia que fueron vendidos a precios ridículos a extranjeros o partidarios de esos despojos, etc.

    Finalmente un grupo masónico triunfó y Juárez, Lerdo de Tejada y Porfirio Díaz gobernaron las últimas décadas del siglo XIX prácticamente sin oposición, salvo los levantamientos de personajes que no estaban de acuerdo con sus reelecciones. Ya en este siglo, en 1910 se realizan elecciones y Porfirio Díaz gana, Madero se levanta en armas y en 1911 Díaz sale de México sin haber sido vencido militarmente, dejando el Tesoro de la Nación con las arcas repletas. En esa época las elecciones no eran como las actuales: las mujeres no votaban, no se ponían urnas hasta en lo más apartado del territorio nacional y no había un Instituto Federal Electoral que impidieran que quién organizaba las elecciones hiciera los movimientos necesarios para ganar aunque la mayoría no votara por ellos.

    Madero llega a la Presidencia, persigue a Zapata y es derrocado por Huerta. Carranza, en nombre de la Constitución derroca a Huerta y en 1917 los diputados (surgidos de elecciones cuestionables y que en realidad representaban a jefes militares y grupos de poder de los ganadores de la Revolución) promulgan una nueva Constitución. Carranza es derrocado por Obregón, y a partir de entonces ningún Presidente de México es fruto de un levantamiento armado. Las rebeliones armadas en contra de los Presidentes (De la Huerta, Vasconcelos, Almazán, etc.) han sido controladas o sus dirigentes han optado por abandonar la lucha antes de causar más muertos.

    Después de casi 50 años (30 del porfiriato y 20 de la Revolución) se revive la lucha religiosa, se pretenden imponer a la Iglesia leyes absurdas y estalla la Cristiada. Finalmente, se llega a un arreglo, esas leyes absurdas no se aplican, se firma una amnistía y muchos cristeros son asesinados.

    Durante los casi 70 años que gobernó el PRI (en sus versiones de PRI, PRM y PNR), México vivió momentos de bonanza y de crisis recurrente. En el año 2000 llega al poder Vicente Fox y México entra en la etapa del cambio en la Presidencia de un partido a otro sin necesidad de un derrocamiento armado.

    En el siglo XXI podemos voltear al pasado y aprender de nuestros errores. Lo mejor sería ver todo con al menos dos puntos de vista. La Conquista nos enseñó que separados seremos vencidos por grupos pequeños que utilizaran a algunos de los nuestros para vencernos; también nos enseña que grupos pequeños pueden hacer mucho más de lo que se espera de ellos.

    La Independencia nos enseñó que la lucha persistente logra frutos; también nos enseña que la unión de todos los grupos en función a un objetivo único nos lleva a concertar y a lograr lo que deseamos prácticamente sin derramamiento de sangre.

    El Siglo XIX nos enseñó que las luchas intestinas armadas son nefastas, que nunca más debe ser aceptable la violencia como método para llegar al poder. Nos enseñó que el conocimiento es valioso y que no se debe expulsar del país a los expertos. En esa época se expulsó físicamente a españoles y jesuitas, hoy se obliga a emigrar a científicos porque no hay oportunidades de trabajo por falta de presupuesto o por mantener en su puesto a incapaces que prefieren bloquear a una persona brillante.

    Nos enseñó que la Iglesia Católica tiene defectos y el Estado laico también, que si los seminarios, conventos, terrenos, edificios, orfanatos, hospitales, escuelas, registros de nacimientos y defunciones, cementerios y bodas eclesiásticas eran insuficientes para las necesidades de México, el hecho que el Estado laico lo haya despojado de bienes raíces y de funciones sociales no mejoró sensiblemente la situación de la salud, la educación, la atención a huérfanos y ancianos, etc. Es mejor que cada uno haga lo que considere necesario para mejorar a México pero sin impedir que otros hagan su esfuerzo: no es necesario destruir lo que hace la Iglesia, el Estado puede hacer algo similar y así unir fuerzas.

    Nos enseñó que cada grupo gobernante tiende a favorecer a los suyos y a perjudicar a los otros, sin importar los méritos del adversario. Es mejor fijar las condiciones para que cada uno haga su esfuerzo y progrese en base a sus méritos y no en función a pertenecer a un grupo o logia.

    El Siglo XX nos enseñó que un dictador prefirió abandonar el poder que ser responsable de otra guerra civil y que un gobernante “democráticamente electo” puede ser fácilmente derrocado si una potencia extranjera así lo decide. El lobo existe, debemos vigilar al lobo pero debemos fortalecernos para que ningún lobo, oso o águila patrocine a grupos violentos que derroquen o le creen problemas a un gobierno legítimo.

    Nos enseñó que la concertación de 70 años es útil, pero no es suficiente. Los acuerdos son necesarios pero no deben ser eternos. Si el acuerdo es un valor sobre el concepto del Bien, la Verdad y el Progreso, entonces la corrupción, el engaño y la crisis son nuestro destino fatal.

    El siglo XXI comienza con un Presidente surgido del Partido Acción Nacional y que llegó al poder gracias al PAN, a un movimiento civil (Amigos de Fox), al Partido Verde y a millones de votantes que lo llevaron al triunfo. Si aprendemos del pasado no volveremos a cometer los mismos errores y aunque cambie el partido político en el gobierno la dirección será única y México progresará hasta llegar mucho más lejos que donde comenzamos.

    México debe ser un país donde cada mexicano trabajador tenga lo necesario para vivir dignamente, con la posibilidad real de progresar social y económicamente, un país donde cada mexicano se sienta orgulloso de serlo y que prefiera ser mexicano a ser de cualquier otra nacionalidad. México debe ser respetado y respetable, que no intervenga en asuntos de otros si no le piden ayuda y que no permita que otros intervengan en nuestros asuntos, a menos que pidamos ayuda.

 

En resumen:

En 1821 México abarcaba de Oregon a Panama

Primero se perdió Centroamérica

Luego se perdió Texas

Luego, por el Tratado Guadalupe Hidalgo, se perdió Medio Territorio

Luego se perdió La Mesilla

Luego se perdió Belice

¿Cómo y por qué? Por la intriga, la traición y la división.

 La teoría de la Conspiración culpa a los judíos, los masones, los gringos y los Tratados Internacionales por el subdesarrollo de México, sin considerar nunca nuestra propia estulticia como pueblo que se dejó manipular y corromper hasta ser debilitado. Sin embargo, todo se resuelve con más información y más trabajo.

    En la Democracia que hoy vivimos la mayoría manda, pero una minoría impone. La falta de "acuerdos" y la carencia de voluntad de la Alta burocracia para tomar medidas administrativas impopulares hace que el cambio parezca lento.

    Sin embargo, todos los políticos entienden un lenguaje: los votos. Si a un político o un partido no le importa estorbar al país impidiendo Reformas Estructurales o cambios legales para no dejar que un gobierno haga progresar a México, entonces ese político y ese partido no deber recibir los votos de los ciudadanos. Si los políticos ven que los votantes si toman en cuenta su trabajo y sus decisiones, entonces defenderán los intereses de México en lugar de bloquear iniciativas de leyes benéficas o de unirse a chantajes de líderes que ven amenazados sus privilegios y cacicazgos.

    El votante debe informarse, recordar y ejercer su derecho. Si no castiga a los malos políticos será eterna víctima de los malos gobiernos. Hago un llamado y una sentencia:

SI NO VOTA, NO SE QUEJE